La Mano del Muerto
La Mano del Muerto — ¡Vamos! Pastrini, nada de bromas, cuando os digo que ha de ser entregada, es porque asà lo quiero.
—SÃ, excelentÃsimo —respondió Pastrini con toda finura, después de mirar la carta—: pero aquà no veo un nombre... y una carta sin nombre es una cosa tan rara... ¿cómo queréis que le haga saber que V. E. le dirige esta carta?
—Sois muy porfiado, Pastrini, ¿no tenéis hoja de cinc, pergamino encerado o cualquier otra cosa de éste género, con la que envolváis esta carta, metiéndola después entre la pasta de un pastel, por ejemplo?
Pastrini se rascó la cabeza y dijo:
— ¡Oh! Eso es, ni más ni menos, un abuso vergonzoso, que mancharÃa el crédito de mi cocina.