La Mano del Muerto
La Mano del Muerto La baronesa tuvo un momento de meditación sobre la fatalidad que parecía perseguirla desde cierto tiempo. La fuga de su marido; la aparición de aquel desgraciado joven a quien ella había dado la vida; la carta fatal, escrita por su amante al morir; la extravagancia de su hija Eugenia, todo parecía conjurado para abismarla. Pero la baronesa no era de esos espíritus débiles que se dejan aplanar por la fatalidad; su orgullo y amor propio se sublevaban ante esta idea y le prescribían el camino que debía seguir. Juró impedir el paso de Eugenia, y se dispuso a empezar aquel trabajo misterioso, en el cual empleaba toda su inteligencia y aguda perspicacia de mujer del gran mundo.
La visita que hizo la baronesa Danglars a su hija, dijimos nosotros, fue antes de Benedetto haberle escrito la carta con la firma falsa de Monte-Cristo; y por eso los acontecimientos que vamos a narrar, consecutivos a la mencionada visita, también se desarrollaron antes de la referida carta, cuyo resultado más tarde veremos.
La baronesa Danglars tenía, como dijimos, un cuarto particular en casa de una mujer vieja donde realizaba su transformación de joven enfermo en mujer sana y bella.
