La Mano del Muerto
La Mano del Muerto — ¿Qué es eso? —preguntó el barón—. ¿Vais a hacer algún viaje?
— ¡Qué viaje! Cuando la gente se muda no debe dejar los trastos en la antigua casa.
— ¿Entonces os mudáis?
—Es verdad...
—Pero...
—Decidme, amigo mÃo, ¿no tenéis por aquà algún cuarto vacÃo?
— ¡Por vida mÃa!... ninguno —contestó el barón asustado.
— ¡Vaya, señor barón!... ¡Ah!, y ahora que me acuerdo..., tengo que trabajar; dadme papel, pluma y tinta.
— ¿Vais a escribir, entonces?
—SÃ, respecto a vos.
—Eso es más serio; ¿a quién?
—A la baronesa Danglars —respondió Benedetto.
El barón dio un salto como arremetido por un violento ataque de nervios.
— ¡Escribir a la baronesa!
— ¿Y qué hay de extraño en ello, señor barón? ¿No os prometà devolvérosla con sus tres millones, una vez que tenéis queja de habérselos dejado? Pues bien; ella está en Roma, me ha escrito y voy a contestarle.
— ¿Os a escrito?
— ¿Conocéis su letra?