La Mano del Muerto
La Mano del Muerto — ¡Oh!... baronesa... —exclamó levantándose y abriendo los brazos como si tratase de abrazarla. Ella hizo lo mismo, pero deteniéndose con rapidez retrocedió un paso y volvió a sentarse con calma.
Esta frialdad fue una puñalada para el pobre varón, que estuvo a punto de abrazar nada menos que tres millones de francos.
—Esperad, señor —dijo la baronesa con pasmosa sangre frÃa—. Si el sentimiento del recuerdo os produce tan fuerte sensación como la que me confesasteis, yo sufro en este momento otro no menos poderoso que la vuestra: es producido por un hecho del pasado, el simple hecho de una carta. Cuando salisteis de ParÃs recibà una carta con vuestra firma; esa carta contenÃa frases memorables que acaso recordéis aún.
— ¡Oh! creo que no.
—Pues bien, he aquà la carta. Escuchad barón; esta carta me hace dudar de muchas cosas y entre ellas vuestra existencia, escuchad: