La Mano del Muerto
La Mano del Muerto «Con todo, señora, es ahora el momento de colocar en este párrafo dos palabras de explicación confidencial. Mientras esperé que trabajaseis en el aumento de nuestra casa y de la fortuna de nuestra hija, cerré filosóficamente los ojos; mas como convertisteis la casa en una vasta ruina, no quiero servir de base a la fortuna ajena.
»Os torné rica, pero poco honrada... Perdonad me explique con esta franqueza. Aumenté nuestra fortuna, que por espacio de quince años fue siempre en progreso, hasta el momento en que desconocidos accidentes vinieron a derrumbarla, sin haber yo contribuido en ello. Vos, en tanto, señora, habéis solamente trabajado en aumentar vuestros haberes, en lo que estoy convencido habréis logrado buen suceso. Os dejo, pues, como os recibí, rica y poco honrada.
«¡Adiós! Yo voy también desde hoy a trabajar por mi cuenta. Creed que os estoy agradecido por el ejemplo que me disteis y que voy a poner en práctica.
«Vuestro afectísimo esposo,
“Barón Danglars”
Durante la lectura de esta carta, el barón mudó de color varias veces. La baronesa no quitaba la mirada fina y penetrante del rostro de su pobre marido, que empezaba a comprender cuan triste era la figura que allí representaba.