La Mano del Muerto
La Mano del Muerto —Señor barón —dijo ella, riendo a carcajadas—: ¿cómo, siendo yo poco honrada, según vuestra confesión, os ofrecéis para acompañarme?
—Baronesa —contestó él—, creed que esta carta fue simplemente hija de un fatal momento de alucinación... ¡yo me veÃa perdido!
— ¿DesearÃais, entonces, que os perdonase la locura de esta carta? —preguntó ella.
— ¡Oh! señora, os confieso que es ése mi más ardiente deseo —exclamó el barón.
— ¿Y podré creerlo?
— ¡Oh! sÃ, señora; yo os ofendÃ... os pido perdón —dijo Danglars poniendo una rodilla sobre la alfombra e inclinando la frente casi a los pies de su mujer.