La Mano del Muerto
La Mano del Muerto La entrevista acordada en el Coliseo se había realizado, y Luis Vampa creyó que Benedetto hablaba de ese hombre a quien su destino fatal le había ligado, influyendo ella tanto en el bandido romano, que fue gradualmente debilitando el prestigio del conde entre aquella gente, que, como ya hemos dicho, era sumamente supersticiosa a pesar de su terrible oficio.
Benedetto llevó su audacia hasta dejar entrever al bandido Vampa el vivo deseo que tenía de librarse del poder del conde de Monte-Cristo, apoderándose de ciertos secretos que él poseía en la nigromancia; y el bandido empezó a meditar seriamente las conveniencias que le resultarían de someter el conde a su voluntad, en vez de estar él reducido a la del conde.
— ¡Oh! el poder del conde —les decía— está en mi mano; haciendo un pequeño paréntesis de tolerancia a vuestro sistema religioso, guardaremos aquella preciosa reliquia, que constituye todo el poder del conde. Yo debería salir de Roma para ir a hacer entrega al conde, mi señor, del precioso cofre que le ha sido robado; pero si vos queréis ayudarme, me quedaré en Roma y trabajaré por el interés general.
Vampa y Pipino admitieron la proposición de Benedetto, quien a su vez por lo que ellos dijeron, supo que Monte-Cristo estaba en Oriente.