La Mano del Muerto
La Mano del Muerto — ¡Ah! Ved ahà una pregunta que nunca se os habÃa ocurrido —contestó Benedetto, con la sonrisa del que comprende más de lo que se supone—. Vais a saberlo. Os he hablado de aquel protector desconocido y de Bertuccio, que era el portador de sus dádivas; pues un dÃa, entró éste en mi cuarto, en la cárcel de la Forcé, y me dijo asÃ: "Benedetto, tú estás gravemente comprometido, pero hay alguien que desea salvarte, porque ha hecho voto de salvar todos los años a un hombre. Este protector halla un medio de arrancarte al cadalso, por lo menos; tal es el siguiente: El procurador del rey, que activa hoy tu sentencia, tuvo estrechas relaciones con una señora, y esta señora dio a luz un niño, hijo de Villefort. Tal escándalo no debÃa traslucirse, y el señor de Villefort, apenas hubo nacido aquél, lo tomó en sus brazos, arrollóle al cuello sus ligamentos naturales para impedir el llanto y los gemidos, lo encerró en un cofre, colocó sobre él como una mortaja un pañuelo bordado de su desdichada madre y bajando una escalera secreta, que desde mucho tiempo le servÃa para introducirse en la habitación de ésta, enterró al inocente niño al pie de un árbol del jardÃn. Una mano desconocida, creyendo que el cofre encerraba algún tesoro, hundió dos veces el puñal en el pecho del infanticida y robóle su depósito.