La Mano del Muerto
La Mano del Muerto »El asesino huyó; pero al abrir el cofre, halló al recién nacido que aún daba señales de vida: cortó las ligaduras del cuello, introdújole aire a los pulmones, y envolviendo al niño en el pañuelo bordado, del que cortó un pedazo, fue a depositarlo en el hospital de la caridad, exclamando: Dios mío, os pago mi deuda, porque si aniquilé una vida, he reanimado otra.
«Tal es la historia de tu nacimiento —continuó Bertuccio—; así pues, cuando hayas de comparecer a presencia de tu juez, arrójale al rostro su crimen, y enmudeceré, pasando del orgullo a la sumisión, y de la tribuna del juez al banco del delincuente. Después, el escándalo público que promoverá tu declaración, hará olvidar el proceso de tu acusación y tu protector no dejará de aprovechar este incidente para librarte".
—Así lo hice —agregó Benedetto—, como quizá lo habréis visto, cerca del 27 de septiembre, aniversario de mi nacimiento, en 1817. Mi protector cumplió su palabra: un mes después estaba libre.