La Mano del Muerto
La Mano del Muerto «Libre, señor, pero con la condición de acompañar a mi padre, que había enloquecido y me buscaba, cavando con un azadón dondequiera que encontraba tierra. ¡Aquella desgracia me conmovió el alma! ¡Después de haber el desgraciado sido procurador del rey, y adquirido la reputación de un hombre de probidad y honradez, cayó de la cumbre de su orgullo y gigantesco edificio, hasta el banco del reo! Afortunadamente, su locura impidió el proceso, y ambos quedamos en entera libertad. Sus bienes le fueron confiscados, dejándole apenas un triste socorro para su alimento.
«Poco a poco mi padre volvió a la razón; al cabo de seis meses que vivía conmigo, se restableció completamente, me reconoció y fue mi amigo; pero su hora había llegado entonces, como si Dios hubiera solo querido dejarle vivir para pedirme perdón. Le he perdonado y recibí su postrera bendición.