La Mano del Muerto
La Mano del Muerto «¡Hijo mÃo —me dijo en su último momento—; yo me siento morir, y solo me atormenta dejar el mundo sin pagar la única deuda que tengo! ¡Es una deuda de sangre y de desesperación que yo quisiera retribuir pagándola con infernal usura!... ¡Hijo de mi alma!, ¡he sido criminal, usando de la máscara del hipócrita con todos mis semejantes! ¡Pero la venganza que han realizado sobre mà ha sido grande y horrible! ¡Mi esposa, mi hija, mi hijo..., la mano de un hombre, sin corazón y sin conciencia, me lo arrancó despiadadamente todo para vengarse de mÃ! Benedetto..., humilla, hiere a ese hombre, haciéndole sufrir y llorar. Y luego, en lo más profundo de su desesperación le dirás: Yo soy el hijo de Villefort, ¡que te castiga en su nombre por la terrible venganza que de él has tomado!
«— ¡Ese hombre, padre mÃo!..., —exclamé yo—, ¿dónde está ese hombre?..
«— ¿Dónde está?.. —exclamó mi padre agitando tristemente su cabeza agobiada de sufrimiento y tomándome luego del brazo, acercándose me dijo al oÃdo con voz trémula de pavor y azorada la vista como a la aparición de un fantasma—: Pregúntaselo a la inmensidad del espacio; al mar; a la tierra... ¡Él puede estar en todas partes, como un Dios omnipotente o un genio infernal de la fatalidad! ¡Guárdate de que su mirada fija y ardiente se pose sobre ti ni un solo momento, porque quedarÃas perdido y maldito para siempre!