La Mano del Muerto
La Mano del Muerto — ¿Sabéis, señor, que acabo de encontrar y reconocer en Roma una mujer francesa que huyó de ParÃs con su padre después de robar a un prÃncipe, Cavalcanti, con quien habÃa convenido casarse?
— ¿Y qué me importa eso?
— ¡Oh! es que ignoráis dos hechos de grande importancia en todo este negocio: el prÃncipe de Cavalcanti era riquÃsimo; y el conde de Monte-Cristo era Ãntimo amigo del prÃncipe, que hoy está en la desgracia.
—Pues bien, ¿qué me importa que el prÃncipe haya sido riquÃsimo y muy amigo suyo el conde?
—Voy a explicároslo, señor —dijo Benedetto, continuando con aire de importancia—. Primero: siendo el prÃncipe de Cavalcanti poderoso, comprenderéis que el robo fue considerable. Segundo: siendo el conde amigo del prÃncipe, me ha dado el nombre de la mujer que le ha robado, encargándome que la hiciese prender dondequiera que la encontrase, pues él ha jurado rehabilitar al pobre Cavalcanti. Y ahora os prevengo que esa mujer está en Roma con su padre; y yo, en vez de acudir a la justicia de los tribunales, delatándola, vengo a proponeros este pequeño negocio.
— ¿Cómo se llama la mujer? —preguntó Vampa.