La Mano del Muerto
La Mano del Muerto Cuando las dos amigas terminaron de almorzar y de arreglar sus elegantes tocados recibieron la visita del empresario del Teatro Argentino, que, con el temor de perder la adquisición de las dos jóvenes artistas, se anticipó a sus colegas; el ajuste fue convenido tal como ellas querían, y al concluir el día los contratos de las dos primeras damas estaban firmados.
Un mes después se ensayaba en el gran Teatro Argentino la hermosa ópera Semíramis, y los impacientes dilettanti afluían todas las mañanas a la platea del teatro para aplaudir con anticipado entusiasmo a las dos nuevas actrices, y felicitar al empresario por la brillante adquisición que había hecho de dos artistas que tanto prometían, a pesar de que por primera vez pisaban el escenario donde existían aún los astros de dos grandes genios.
Llegó al fin el día del espectáculo, y así que las luces empezaron a brillar en el edificio del Teatro Argentino, los salones se vieron llenos de gente que hablaba, discutía y ensalzaba en alta voz la capacidad artística de las dos señoritas d'Armilly.