La Reina Margot
La Reina Margot —¡Oh! —exclamó—. ¿Qué es lo que tienes? ¡Estás cubierto de sangre!
Coconnas, que se habÃa precipitado hacia el altar, habÃa cogido el puñal y abrazaba en aquel momento a Enriqueta, se volvió.
—Levántate —decÃa Margarita—, levántate, os lo suplico. ¿No ves que ha llegado el momento?
Una sonrisa espeluznante de tristeza se dibujó en los amoratados labios de La Mole, quien parecÃa sonreÃr por última vez.
—¡Mi querida reina! —dijo el joven—. No contasteis con Catalina y por consiguiente olvidasteis sus mañas. Sufrà el tormento, mis huesos están rotos, todo mi cuerpo es una gran llaga y el movimiento que hago en este instante para apoyar mis labios sobre vuestra frente me causa dolores mucho más crueles que la muerte.
En efecto, haciendo un gran esfuerzo y poniéndose aún más pálido de lo que estaba, La Mole besó la frente de la reina.
—¡El tormento! —exclamó Coconnas—. Yo también lo sufrÃ, ¿acaso el verdugo no hizo por ti lo mismo que por mÃ?
Coconnas refirió inmediatamente todo cuanto le habÃa sucedido.