La Reina Margot
La Reina Margot
OCOS días después de la terrible escena que acabamos de relatar, es decir, el 30 de mayo de 1574, estando la corte en Vincennes, se oyó de pronto un gran alboroto en la alcoba del rey, el cual, habiéndose agravado sus dolencias durante el baile que ofreció el mismo día de la muerte de los dos amigos, se había trasladado al campo por orden de los médicos para respirar un aire más puro.
Eran las ocho de la mañana. Un grupo de cortesanos conversaba animadamente en la antecámara cuando, de repente, se oyó un grito y apareció en la puerta la nodriza de Carlos con los ojos anegados en lágrimas y diciendo con una voz desesperada:
—¡Socorro! ¡Socorro!
—¿Es que se ha puesto peor Su Majestad? —preguntó el capitán de Nancey, a quien, como ya se sabe, el rey había eximido de toda obediencia a la reina Catalina para consagrarlo exclusivamente a su servicio.
—¡Oh! ¡Cuánta sangre! ¡Cuánta sangre! —dijo la nodriza—. ¡Los médicos! ¡Llamad a los médicos!
Mazille y Ambroise Paré se turnaban a la cabecera del enfermo.
