La Reina Margot
La Reina Margot —Subid, pues, a ver al rey, ya que nada queréis oÃr ni creer —dijo Catalina, señalando con una mano la escalera mientras con la otra acariciaba uno de los dos cuchillos envenenados que llevaba y cuya vaina de cuero negro llegó a ser histórica.
—Pasad primero, señora —dijo Enrique—, mientras no sea regente, a vos os corresponde el honor.
Catalina, sintiéndose descubierta, no trató de oponerse y pasó delante.