La Reina Margot

La Reina Margot

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Gracias, Enriquito, muchas gracias —dijo el rey con una ternura nada propia de su carácter, pero que le imponía la situación—, acepto lo ofrecimiento. No le hagas rey, puesto que dichosamente no ha nacido para ocupar un trono. Trata únicamente de que sea feliz. Le dejo una fortuna independiente; nobleza, que tenga la de su madre: la del corazón. Quizá sería mejor para él que se le destinase a la Iglesia. ¡Inspiraría menos temores! ¡Oh! Creo que me moriría, si no del todo contento, por lo menos más tranquilo si tuviese aquí, para consolarme, las caricias del niño y el dulce semblante de la madre.

—Señor, ¿no podría hacer que vinieran?

—¡Insensato! No saldrían vivos de aquí. Tal es la condición de los reyes, Enriquito, no pueden vivir ni morir a su gusto. Pero, desde que me has hecho la promesa de ocuparte de ellos, me siento más tranquilo.

Enrique pareció reflexionar.

—Sí, sin duda, os lo he prometido; pero ¿podré cumplirlo?

—¿Qué quieres decir?

—¿Acaso yo mismo no puedo ser proscrito, amenazado como él o todavía más, ya que soy yo un hombre, mientras él no es más que un niño?

—Te equivocas —respondió Carlos—, cuando yo muera serás fuerte y poderoso; aquí tienes lo que te dará la fuerza y el poder.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker