La Reina Margot
La Reina Margot
ATALINA y el duque de Alençon, pálidos de miedo y trémulos de ira, entraron pocos minutos después. Catalina, como había adivinado Enrique, estaba enterada de todo y se lo había transmitido en pocas palabras a Francisco. Dieron algunos pasos y se detuvieron en espera de que el rey les dirigiera la palabra. Enrique se hallaba de pie, junto a la cabecera del enfermo.
El rey les declaró su voluntad.
