La Reina Margot

La Reina Margot

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Señora —dijo mirando a su madre—, si tuviera un hijo, vos seríais regente, o en vuestro defecto el rey de Polonia, o en ausencia, en fin, del rey de Polonia, lo sería mi hermano Francisco; pero no tengo descendientes y, por lo tanto, al morir yo, debe sucederme automáticamente el duque de Anjou, que no está ahora aquí. Como un día u otro vendrá a reclamar el trono que le corresponde, no quiero que encuentre en él a un hombre que, teniendo derechos casi iguales para ocuparlo, pueda disputarle los suyos exponiendo al reino, por consiguiente, a sufrir una guerra entre los pretendientes. Esta es la razón por la cual no os nombro regente, señora, ya que, si así lo hiciera, tendríais que elegir entre vuestros dos hijos, elección que habría de resultar sumamente penosa para una madre. Por esta misma razón, no nombro regente a mi hermano Francisco, ya que podría decirle a su hermano mayor: «¿No teníais un trono? ¿Por qué lo abandonasteis?». Prefiero por eso nombrar un regente que pueda conservar la corona en depósito y que la conserve bajo su mano y sobre su cabeza. Este regente, saludadle, señora, saludadle, hermano mío, este regente es el rey de Navarra.

Dicho esto, saludó a Enrique con un gesto majestuoso.

Catalina y Alençon hicieron una mueca que lo mismo podía tomarse por un saludo que por un estremecimiento nervioso.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker