La Reina Margot

La Reina Margot

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Está bien. Dad esa orden, si os atrevéis. Por mi parte, yo daré las mías. Venid, Francisco, venid —dijo la reina, y salió rápidamente llevando consigo al duque de Alençon.

—¡De Nancey! —gritó Carlos—. ¡A mí! Yo soy quien lo ordena, de Nancey, arrestad a mi madre, arrestad a mi hermano, arrestad…

Una bocanada de sangre cortó la palabra a Carlos en el momento en que el capitán de sus guardias abría la puerta. El rey, sofocado, cayó en la cama con el estertor de la agonía.

De Nancey no había oído más que su nombre; las órdenes que siguieron, pronunciadas con voz menos clara, se habían perdido en el espacio.

—Guardad la puerta —ordenó con firmeza Enrique— y no dejéis entrar a nadie.

El capitán se retiró.

Enrique volvió sus ojos hacia aquel cuerpo inanimado que hubiera podido tomarse por un cadáver si un ligero soplo no hubiese agitado la franja de espuma que bordeaba sus labios.

Después de contemplarle por espacio de unos minutos, dijo como hablando consigo mismo:

—¡He aquí el momento supremo! ¿Es mejor reinar? ¿Es mejor vivir?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker