La Reina Margot
La Reina Margot —A fe mÃa, señor de La Mole —repuso Coconnas—. Lo más que puedo hacer en este caso es no tomar parte en la pelea. Por lo visto esta noche matamos a los hugonotes en nombre del rey. Salid como podáis del apuro.
—¡Traidores! ¡Asesinos! ¿Conque es as� ¡Está bien! ¡Esperad!
Y La Mole, apuntando a su vez, apretó el gatillo de una de sus pistolas. La Hurière, que no le quitaba ojo, tuvo tiempo de hacerse a un lado; pero Coconnas, que no esperaba esta respuesta, permaneció inmóvil y la bala le rozó un hombro.
—¡Voto al diablo! —gritó apretando los dientes—. Estoy herido. Te verás con los dos, puesto que asà lo quieres.
Y, desenvainando su espada, se lanzó contra La Mole.
Si hubiera estado solo, La Mole le habrÃa hecho frente; pero Coconnas tenÃa a sus espaldas a La Hurière, que cargaba de nuevo su arcabuz, sin contar con que Maurevel, al oÃr la invitación del posadero, subÃa de cuatro en cuatro los peldaños de la escalera. La Mole se metió en otra habitación y atrancó la puerta.