La Reina Margot
La Reina Margot Y echándose sobre los hombros una bata, fue a abrir la puerta a su amiga, que se precipitó en sus brazos preguntando:
—¿No os ha pasado nada, señora?
—No, nada —dijo Margarita, cruzándose la bata para que no viese las manchas de sangre de su camisón.
—Más vale asÃ; pero de todos modos, como el señor duque de Guisa me dio doce guardias para que me acompañaran hasta su palacio y no necesito tanta escolta, dejaré seis a Vuestra Majestad. Seis guardias del duque de Guisa valen más esta noche que un regimiento entero de guardias del rey.
Margarita no se atrevió a rechazar este ofrecimiento; instaló a los seis hombres en el corredor y abrazó a la duquesa, quien, con el resto de sus guardias, se fue al palacio del duque de Guisa, donde habitaba durante la ausencia de su marido.