La Reina Margot
La Reina Margot —El señor duque de Alençon. ¿No iba a ser de los que participasen en la matanza?
—Querido, el duque de Alençon no participa más que en las cosas que le interesan personalmente; proponedle que trate como hugonotes a sus dos hermanos mayores y lo hará siempre que con ello no resulte él comprometido. ¿Pero no vais con esta buena gente, maese La Hurière?
—¿Adónde va?
—¡Oh, Dios mÃo! A la calle de Montorgueil; allà vive un pastor protestante, a quien conozco, que tiene mujer y seis hijos. Será un curioso espectáculo.
—¿Y vos? ¿Adónde vais?
—Tengo un asunto particular.
—No vayáis sin mà —dijo una voz que hizo estremecer a Maurevel—. Conocéis buenos lugares y quiero acompañaros.
—¡Ah, si es nuestro piamontés! —dijo Maurevel.
—Es Coconnas —corroboró La Hurière—. Creà que no me seguÃais.