La Reina Margot
La Reina Margot Se hallaba en lo más íntimo de sus reflexiones cuando oyó llamar a la puerta del pasadizo secreto. Se estremeció, porque únicamente tres personas podían entrar por aquella puerta: el rey, la reina madre y el duque de Alençon.
Entreabrió la puerta del gabinete, indicó por señas a Guillonne y a La Mole que guardaran silencio y fue a ver quién llamaba.
El visitante era el duque de Alençon, que no había vuelto desde la noche anterior.
Por un instante, Margarita pensó pedirle su intercesión en favor del rey de Navarra; pero la detuvo una terrible idea.
El casamiento se había realizado a pesar suyo; Francisco detestaba a Enrique y sólo conservó cierta neutralidad en favor del bearnés, porque estaba convencido de que Enrique y su esposa eran extraños el uno para el otro.
Una prueba de interés dada por Margarita hacia su esposo podía, como consecuencia, en lugar de apartar, acercar a su pecho uno de los tres puñales que lo amenazaban.
Margarita se estremeció, pues, al ver al joven príncipe, con mayor temor que si hubiese visto al rey Carlos IX o a la misma reina madre.