La Reina Margot
La Reina Margot Tranquilizada con respecto a la salud de La Mole, cuyas heridas, como dijera la vÃspera, eran peligrosas, pero no mortales, Margarita no se preocupó más que de una cosa: salvar la vida de su esposo, que seguÃa amenazada. Sin duda, el primer sentimiento que la movió fue el de leal compasión por un hombre a quien, como dijera el mismo bearnés, acababa de jurar si no amor, al menos alianza.
Pero detrás de este sentimiento, otro menos puro habÃa penetrado en el corazón de la reina.
Margarita era ambiciosa. Margarita habÃa visto la posibilidad de reinar en su casamiento con Enrique de Borbón. Navarra, ambicionada por los reyes de Francia de una parte y por los reyes de España de otra, que pedazo a pedazo se habÃan apoderado de la mitad de su territorio, podÃa, si Enrique de Borbón no defraudaba las esperanzas que su valor habÃa permitido abrigar en las pocas ocasiones que hubo de usar su espada, convertirse en un reino verdadero con los hugonotes de Francia por sus súbditos. Gracias a su espÃritu fino y cultivado, Margarita habÃa entrevisto y calculado todo esto. Al perder a Enrique, no sólo perderÃa a un marido, sino también un trono.