La Reina Margot
La Reina Margot —Anuncian tres crueles muertes en mi familia —murmuró Catalina.
—¡Ay! —respondió Renato.
—¿Y después?
—Después, señora, encontré en las entrañas del animal aquella rara disposición del hÃgado que notamos en los dos primeros y que se inclina en sentido inverso.
—Cambio de dinastÃa, siempre, siempre, siempre —murmuró Catalina entre dientes—. Sin embargo, es preciso luchar contra esto, Renato —añadió.
Renato movió la cabeza.
—Ya le dije a Vuestra Majestad que el destino es quien gobierna.
—¿Estás seguro?
—SÃ, señora.
—¿Recuerdas el horóscopo de Juana de Albret?
—SÃ, señora.
—RepÃtemelo, porque lo he olvidado.
—Vives Honorata —dijo Renato—, morieris reformidata, regina amplificabere.
—Que significa, según creo: «Vivirás con honores». ¡Y la pobre carecÃa de lo más necesario! «Morirás temida». Y nos hemos burlado de ella. «Serás más grande de lo que fuiste como reina». Y resulta que ha muerto y su grandeza reposa en una tumba sobre la cual nos olvidamos hasta de grabar su nombre.