La Reina Margot
La Reina Margot —Señora, Vuestra Majestad traduce mal el vives Honorata. La reina de Navarra vivió con honores, en efecto, puesto que gozó del amor de sus hijos y del respeto de sus partidarios, sentimientos tanto más sinceros cuanto más pobre fue la que los inspiraba.
—Sà —dijo Catalina—, os concedo el «Vivirás con honores», pero ¿cómo explicáis el morieris reformidata?
—Nada más fácil: «Morirás temida».
—¿Y es que acaso murió as�
—Tan temida, señora, que no hubiese muerto si Vuestra Majestad no le hubiera tenido miedo. Por último: «Como reina lo engrandecerás o serás más grande de lo que fuiste como reina», es también la verdad, señora, porque en lugar de su perecedera corona tiene quizá como reina y mártir la corona del Cielo; por otra parte, ¿quién puede saber qué reserva el porvenir a su dinastÃa sobre la tierra?
Catalina era supersticiosa en sumo grado.
Tal vez la atemorizó más la sangre frÃa del perfumista que la persistencia de los augurios. Y como para ella un mal paso no era más que una ocasión de salir audazmente del aprieto, dijo bruscamente al florentino, sin más transición que el silencioso trabajo de su mente:
—¿Han llegado perfumes de Italia?
—SÃ, señora.