La Reina Margot
La Reina Margot Esto era cuanto La Mole deseaba. Cuando el maestro Ambroise Paré fue a curarle como de costumbre, el herido le expuso la necesidad que tenía de montar a caballo y le rogó que le vendara cuidadosamente. Por lo demás, las dos heridas se habían cerrado y sólo la del hombro le hacía sufrir aún. Ambas presentaban un color rojizo como deben tenerlo las heridas que están en vías de cicatrizarse. El médico las cubrió con una tela adhesiva que se usaba mucho en aquella época para estos casos y aseguró a La Mole que nada le ocurriría siempre que evitara agitarse demasiado durante la excursión.
La Mole rebosaba júbilo. Sin contar cierta debilidad causada por la pérdida de sangre y un leve mareo consecuencia de esta, se sentía perfectamente. Además, Margarita participaría seguramente en la peregrinación y volvería a verla. Al pensar en el enorme bien que le hiciera la presencia de Guillonne, no podía dudar de la eficacia curativa que le reportaría la presencia de su amada.