La Reina Margot
La Reina Margot La Mole vio cómo arrugaba el ceño, sorprendÃa el fulgor amenazador de sus ojos, y a pesar de la embriagadora turbación en que la voluptuosidad le aconsejaba deleitarse, comprendió el peligro que corrÃa su amigo y adivinó lo que debÃa hacer para salvarlo.
Levantándose y dejando la mano de Margarita en la de Coconnas, fue a coger la mano de la duquesa de Nevers e hincando una rodilla en tierra:
—¡Oh, la más bella, la más adorable de las mujeres! —dijo—. Hablo de las mujeres vivas y no de las sombras.
Y dirigiendo una mirada y una sonrisa a Margarita prosiguió: