La Reina Margot
La Reina Margot —Tiene el hÃgado muy inclinado hacia la izquierda —continuó—. ¡Siempre a la izquierda! Triple muerte seguida de un cambio de dinastÃa. ¿No te parece espantoso, Renato?
—Es preciso ver, señora, si los presagios de la segunda vÃctima coinciden con los de esta.
Renato desató el cadáver de la gallina y lo arrojó a un rincón; luego fue a coger la otra, que, juzgando que correrÃa la misma suerte que su compañera, trató de escapar dando vueltas alrededor de la habitación hasta que al fin, viéndose acorralada, levantó el vuelo por encima de la cabeza del nigromante y fue a chocar contra la lamparilla mágica que tenÃa Catalina en la mano, apagándola.
—Ya lo veis, Renato —dijo la reina—, asà se extinguirá nuestra estirpe. Un aleteo de la muerte la hará desaparecer de la superficie de la tierra. ¡Pero tengo tres hijos, sin embargo, tres hijos!… —murmuró tristemente.
Renato cogió de las manos la lamparilla apagada y fue a encenderla a la habitación inmediata. Cuando volvió, la gallina habÃa metido la cabeza en el embudo que desaguaba en el Sena.
—Esta vez evitaré los tres gritos —afirmó Catalina—, le cortaré la cabeza de un solo golpe.