La Reina Margot
La Reina Margot En efecto, en cuanto la gallina estuvo atada, la reina le separó de una cuchillada la cabeza, tal como habÃa dicho. Pero en la convulsión suprema el pico se abrió tres veces antes de quedar cerrado para siempre.
—¿Habéis visto? —dijo Catalina aterrada—. Cuando no son tres gritos son tres suspiros. Tres y siempre tres. Los tres morirán. Todas estas almas antes de partir cuentan y cantan el número tres. Veamos ahora los signos de la cabeza.
Entonces Catalina cortó la cresta del animal, abrió con precaución el cráneo y, separándolo de modo que quedaran al descubierto los lóbulos del cerebro, trató de hallar la forma de una letra en las sanguinolentas sinuosidades que traza la división de la pulpa cerebral.
—¡Siempre! —exclamó golpeándose con las dos manos—. ¡Siempre! Y esta vez el pronóstico es más claro que nunca. Ven a ver.
Renato se acercó.
—¿Qué letra es esta? —le preguntó la reina señalando un signo.
—Una E —respondió Renato.
—¿Cuántas veces está repetida?
El perfumista las contó y dijo:
—Cuatro.