La Reina Margot
La Reina Margot —¡No faltaba más! —dijo Enrique—. Renato no hace nada sin pensarlo antes y si viene aquà es porque tendrá sus motivos.
—¿Queréis ocultaros, entonces?
—Me guardaré muy bien. Renato está enterado de todo y de seguro sabe que estoy aquÃ.
—Pero Vuestra Majestad, ¿tiene alguna razón para que su presencia le resulte desagradable?
—¿Yo? —dijo Enrique haciendo un esfuerzo que, pese a su dominio sobre sÃ, no pudo disimular del todo—. ¿Yo? Ninguna. Estábamos un poco distanciados, es cierto, pero, desde la noche de San Bartolomé, nos hemos reconciliado.
—Hacedle entrar —dijo la señora de Sauve a Dariole.
Un instante después entró Renato y lanzó una ojeada que abarcó toda la habitación.
La señora de Sauve seguÃa frente al espejo.
Enrique habÃa vuelto a sentarse en el sofá.
La figura de Carlota se hallaba en el cÃrculo de luz mientras que la de Enrique se confundÃa entre las sombras.
—Señora —dijo Renato con respetuosa familiaridad—, vengo a presentaros mis excusas.