La Reina Margot
La Reina Margot —¡Oh! —respondió Renato moviendo la cabeza—. Vuestro horóscopo no es de los que se olvidan.
—¿De veras? —preguntó el rey con gesto irónico.
—SÃ, señor; según ese horóscopo, Vuestra Majestad está llamado a cumplir uno de los más brillantes destinos.
Los ojos del joven prÃncipe se animaron con un brillo involuntario que se extinguió en seguida, dejando paso a la más completa indiferencia.
—Todos esos oráculos italianos son halagadores —dijo Enrique— y quien dice halagador dice embustero. ¿No hubo acaso algunos que me predijeron que mandarÃa ejércitos?
Y se echó a reÃr. Pero un observador menos ocupado de sà mismo que Renato hubiera reconocido que tal risa era forzada.
—Sire —repuso frÃamente Renato—, el horóscopo anuncia algo mejor.
—¿Dice que a la cabeza de esos ejércitos ganaré batallas?
—Mejor todavÃa, señor.
—Entonces —dijo Enrique—, dirá que voy a ser conquistador.
—Sire, vos seréis rey.