La Reina Margot

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Capítulo XXVII

AL separarse de la señora de Sauve, Enrique le había dicho:

—Acostaos, Carlota. Fingid que estáis gravemente enferma y bajo ningún pretexto recibáis a nadie en todo el día de mañana.

Carlota obedeció sin comprender el motivo que podía tener el rey para hacerle semejante recomendación. Gracias a que ya comenzaba a habituarse a sus excentricidades, como diríamos hoy, o a sus fantasías, como se decía entonces.

Por otra parte, sabía que Enrique guardaba en su corazón secretos que no confiaba a nadie y en su mente proyectos que temía revelar hasta en sueños, por lo que, segura de que aun sus ideas más extrañas respondían a un fin, acostumbraba obedecer todas sus indicaciones.

Aquella misma noche se quejó en presencia de Dariole de una gran pesadez de cabeza, acompañada de mareos, pues tales eran los síntomas que Enrique la aconsejara fingir.

Al día siguiente aparentó querer levantarse, pero apenas hubo puesto los pies en el suelo cuando simuló resentirse de una debilidad general, por lo que hubo de acostarse de nuevo.


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