La Reina Margot
La Reina Margot —¡Oh! ¡Oh! —dijo el rey.
Después Margarita le contó la historia del doble correo.
—En efecto —dijo Enrique—, yo le vi entrar en el Louvre.
—¿SerÃa quizá para la reina madre?
—No, estoy seguro, porque, por si acaso, estuve apostado en el corredor y no pasó nadie por allÃ.
—Entonces —dijo Margarita mirando a su marido— tiene que ser…
—Para vuestro hermano el duque de Alençon, ¿no es verdad?
—SÃ, pero ¿cómo saberlo?
—¿No podrÃamos —preguntó Enrique displicentemente— mandar en busca de uno de esos dos gentiles hombres y preguntarle…?
—Tenéis razón, Sire —dijo Margarita satisfecha por la proposición de su esposo—. Enviaré a llamar al señor de La Mole… ¡Guillonne! ¡Guillonne!
La joven apareció.
—Tengo que hablar un instante con el señor de La Mole —le dijo la reina—. Trata de encontrarle y dile que venga.