La Reina Margot
La Reina Margot —Será suficiente que digáis vuestro nombre.
—Dadme la carta, señora, dádmela —dijo La Mole amorosamente—. Os respondo de todo.
Y se fue.
—Mañana sabremos si el duque de Alençon está enterado del asunto de Polonia —dijo tranquilamente Margarita volviéndose hacia su marido.
—Este señor de La Mole es verdaderamente un buen servidor —dijo el bearnés con aquella sonrisa tan suya—. Y…, ¡por la misa!, juro que haré su fortuna.