La Reina Margot
La Reina Margot —SÃ, Sire —respondió el rey de Navarra—, querÃa saber a través del almirante, que todo lo sabe, si están ya en camino hacia aquà algunos gentiles hombres que aún espero.
—¡Más gentiles hombres! TenÃais ya ochocientos el dÃa de vuestra boda, y a diario llegan nuevos contingentes. ¿Queréis, acaso, invadirme? —dijo Carlos riendo.
El duque de Guisa frunció el ceño.
—Sire —replicó el bearnés—, se habla de una campaña contra Flandes. Por eso reúno en torno mÃo a todos aquellos de mi paÃs y sus alrededores que creo puedan ser útiles a Vuestra Majestad.
El duque, acordándose del proyecto que el bearnés comunicara a Margarita el dÃa de sus bodas, escuchó con mayor atención.
—¡Bueno, bueno! —respondió el rey con su sonrisa felina—. Mientras más haya, más contentos estaremos. Traedlos, pues, Enrique, traedlos. Pero ¿quiénes son esos gentiles hombres? Supongo que serán valientes…
—Ignoro, Sire, si mis gentiles hombres valdrán tanto como los de Vuestra Majestad, los del duque de Anjou o los del señor de Guisa, pero los conozco y sé que, llegado el caso, harán lo que puedan.
—¿Esperáis a muchos?
—A diez o doce todavÃa.