La Reina Margot
La Reina Margot —¿Qué hacéis cuando estáis encargado de ejecutar una orden del rey, es decir, cuando representáis a Su Majestad, y alguien se resiste, señor de Maurevel?
—Pero, señora —respondió el esbirro—, cuando el rey me honra con una orden como esta y se trata de un simple caballero, lo mato.
—Ya os he dicho —replicó Catalina—, y no creo que haya pasado tanto tiempo como para que lo hayáis olvidado, que el rey de Francia no reconoce en su reino ningún rango superior al suyo; es decir, que el rey de Francia es el único rey y que junto a él los más grandes señores son simples gentiles hombres.
Maurevel palideció porque comenzaba ya a comprender.
—¡Oh! —dijo—. ¡Matar al rey de Navarra!…
—Pero ¿quién habla de matarle? ¿Dónde está la orden que diga tal cosa? El rey quiere que sea llevado a La Bastilla y la orden no ofrece dudas sobre este punto. Si se deja arrestar, bien; pero como no se dejará, como resistirá, como intentará mataros…
Maurevel se puso lÃvido.
—Os defenderéis —continuó Catalina—. No se puede pedir a un valiente como vos que se deje matar sin defenderse, y en la lucha, ¡quién sabe lo que pueda suceder!… Me entendéis, ¿no es cierto?
—SÃ, señora; pero, sin embargo…