La Reina Margot
La Reina Margot —Vamos, ¿queréis que después de estas palabras «Orden de arrestar», agregue de mi puño y letra «vivo o muerto»?
—Confieso, señora, que eso disiparÃa mis escrúpulos.
—Bueno, lo haré, ya que no creéis posible ejecutar la orden de otra manera.
Y Catalina, encogiéndose de hombros, desenrolló con una mano el pergamino mientras con la otra escribÃa: «vivo o muerto».
—Aquà tenéis —dijo—. ¿Os parece ahora que la orden está en regla?
—SÃ, señora —respondió Maurevel—, pero ruego a Vuestra Majestad que me deje entera libertad de acción.
—¿Acaso algo de lo que os he dicho perjudica su cumplimiento?
—Me ha dicho Vuestra Majestad que elija a doce hombres.
—SÃ, para que estéis más seguro.
—Pues bien, os pido permiso para no llevar más que seis.
—¿Por qué?