La Reina Margot
La Reina Margot —¡Oh! He aquà a mi padre el almirante —exclamó Carlos IX abriendo los brazos—. Se habla de guerra, de gentiles hombres, de valientes, y él se presenta. El imán atrae al hierro. Mi cuñado, el rey de Navarra, y mi primo, el duque de Guisa, esperan refuerzos para vuestro ejército. A esto nos referÃamos.
—Pues sabed que esos refuerzos están al llegar —dijo el almirante.
—¿Habéis tenido noticias, señor? —preguntó el bearnés.
—SÃ, hijo mÃo, y en particular del señor de La Mole; estaba ayer en Orleáns y mañana o pasado mañana estará en ParÃs.
—¡Demonios! ¿Acaso es un brujo el señor almirante para saber asà lo que ocurre a treinta o cuarenta leguas de distancia? Por lo que a mà respecta, me interesarÃa saber con igual certeza lo que pasa ahora en Orleáns, y más aún lo que pasó.
Coligny aguantó impasiblemente la sangrienta puya del duque de Guisa, quien sin duda aludÃa a la muerte de su padre, don Francisco de Guisa, asesinado por Poltrot de Meré, sospechándose que fue el almirante quien aconsejó este crimen.