La Reina Margot
La Reina Margot
AUREVEL permaneció parte del dÃa en la sala de armas del rey. Cuando Catalina vio aproximarse la hora del regreso de los cazadores, le hizo pasar a su oratorio en compañÃa de sus esbirros.
Carlos IX, enterado a su llegada por su nodriza de que un hombre habÃa pasado parte del dÃa en su gabinete, se encolerizó ante el hecho de que hubieran permitido a un extraño permanecer en sus aposentos.
Pero, habiéndoselo hecho describir, al decirle su nodriza que era el mismo individuo que ella misma habÃa ido a buscar cierta noche, el rey reconoció a Maurevel y, recordando la orden arrancada aquella misma mañana por su madre, comprendió todo.
—¡Oh, oh! —murmuró Carlos—. ¡En el mismo dÃa en que me ha salvado la vida! Está mal elegido el momento.
Hizo ademán de dirigirse a las habitaciones de su madre, pero un pensamiento le detuvo.
«¡Diablo! Si le hablo de esto vamos a tener una discusión de nunca acabar; vale más que cada cual obre por su cuenta».
—Nodriza —dijo—, cierra bien todas las puertas y avisa a la reina Isabel[28] que esta noche, como estoy un poco dolorido por la caÃda, dormiré solo.
