La Reina Margot
La Reina Margot La Mole no se lo hizo repetir dos veces; se acercó a la pared y, orientándose con las manos, buscó a tientas el dormitorio para ocultarse en el gabinete que conocÃa tan bien.
Pero al poner el pie en la alcoba tropezó con un hombre que acababa de entrar por el pasadizo secreto.
—¿Qué significa todo esto? —dijo Carlos en las tinieblas, con una voz cada vez más impaciente—. ¿Soy un aguafiestas para que se arme semejante barullo al verme? Vamos, Enriquito, Enriquito, ¿dónde estás? Respóndeme.
—¡Estamos salvados! —murmuró Margarita cogiendo una mano que creyó ser la de La Mole—. El rey cree que mi marido es uno de los invitados.
—Y yo se lo haré creer, señora, podéis estar tranquila —murmuró Enrique, respondiendo a la reina en el mismo tono.
—¡Gran Dios! —exclamó Margarita soltando rápidamente la mano que oprimÃa y que no era otra que la del rey de Navarra.
—¡Silencio! —dijo Enrique.
—¡Por mil diablos! ¿Qué cuchicheos son esos? —gritó Carlos—. Enrique, decidme dónde estáis.
—Aquà estoy, señor —dijo la voz del rey de Navarra.