La Reina Margot
La Reina Margot —Ni lo uno ni lo otro, pero, por lo que se refiere a vosotros, estáis libres hasta mañana.
—Vamos, vamos —dijo en voz baja Coconnas al oÃdo de La Mole—; corte, por lo que parece, pasa la noche en vela. La noche va a ser del diablo; saquemos nosotros también partido de ella.
Subieron la escalera de cuatro en cuatro, cogieron sus capas y sus espadas y se precipitaron fuera del Louvre en persecución de las dos damas a quienes encontraron en la esquina de la calle de Coq-Saint-Honoré.
Mientras tanto, el duque de Alençon, los ojos muy abiertos y el oÃdo alerta, esperaba, encerrado en su alcoba, los imprevistos sucesos que le habÃan anunciado.