La Reina Margot
La Reina Margot —¿Y vos no estabais en vuestras habitaciones?
—No, por pura casualidad, es cierto, pero no estaba. Lo habéis adivinado. Anoche me invitó el rey a que lo acompañase, pero si yo no estaba en mi cuarto, estaba en cambio otra persona.
—¿Quién era?
—Por lo visto, el conde La Mole.
—¡El conde La Mole! —exclamó Margarita asombrada.
—¡Y por Dios que estuvo valiente el pequeño provenzal! ¿Sabéis que hirió a Maurevel y que mató a dos de sus guardias? —¡Imposible!
—¿Cómo? ¿Dudáis de su valor, señora?
—No, digo que el señor de La Mole no podÃa estar en vuestro cuarto.
—¿Por qué?
—Pues porque… estaba en otra parte —replicó azorada Margarita.
—¡Ah! Si puede probarlo, eso es otra cosa; dirá dónde estuvo y asunto concluido.
—¿Dónde estuvo? —preguntó alarmada Margarita.
—Naturalmente. No terminará el dÃa sin que sea detenido e interrogado. Y como por desgracia hay pruebas…
—¿Qué pruebas?