La Reina Margot
La Reina Margot —El hombre que supo defenderse tan a la desesperada tenÃa una capa color cereza.
—Pero La Mole no es el único que tiene una capa de semejante color. Yo sé de otro…
—Y yo también. Pero ved lo que ocurrirá: si el señor de La Mole no era quien estaba en mi cuarto, tendrá que serlo otro, y este otro habrá de ser dueño de una capa igual a la suya. Ahora, ¿sabéis ya quién es este hombre? —¡Cielos!
—Ahà está la cuestión. Vuestra inquietud me demuestra que os dais cuenta de la dificultad. Conversemos, si os place, como dos personas que tratan del bien más codiciado del mundo…: un trono, el bien más precioso… de la vida. Si De Mouy es arrestado, ya podemos darnos por perdidos.
—SÃ, comprendo.
—Mientras que el señor de La Mole no compromete a nadie, a no ser que le de por inventar alguna historia y empiece, por ejemplo, a decir que estuvo en compañÃa de algunas damas.
—Señor —dijo Margarita—, si tenéis algún temor respecto a eso, podéis estar tranquilo… Nada dirá…
—¿Cómo? —preguntó Enrique—. ¿No dirá nada aunque la muerte sea el precio de su silencio?
—Aunque asà sea.
—¿Estáis segura?