La Reina Margot
La Reina Margot —Os respondo de ello.
—Entonces más vale asà —repuso Enrique levantándose.
—¿Os retiráis, señor? —preguntó ansiosamente Margarita.
—SÃ, por cierto; esto es todo cuanto tenÃa que deciros.
—¿Y adónde vais?…
—A ver de qué manera podemos salir del mal paso en que ese demonio de hombre de la capa color cereza nos ha metido.
—¡Dios mÃo! ¡Dios mÃo! ¡Pobre muchacho! —exclamó dolorosamente Margarita, retorciéndose las manos.
—Verdaderamente —dijo Enrique al marcharse—, este querido señor de La Mole es un excelente servidor.