La Reina Margot
La Reina Margot —¿Qué? ¿Hay algo más?
—Una palabra todavÃa, señor. Nos hemos olvidado de algo que, sin embargo, tiene suma importancia. ¿Qué dÃa fijaremos para la ceremonia oficial?
—¡Ah! Es cierto —dijo el rey volviéndose a sentar—. ¿Cuándo os parece mejor que sea?
—CreÃa —respondió Catalina— que en el silencio de Vuestra Majestad, en su aparente olvido, habÃa algo profundamente calculado.
—No; ¿por qué suponÃas eso?
—Porque —añadió Catalina con fina ironÃa— me parece que no conviene que los polacos nos vean correr con tanta prisa detrás de su corona.
—Al contrario, madre mÃa —replicó Carlos—, ellos son quienes se han apresurado viniendo a marchas forzadas desde Varsovia. Honor por honor, cortesÃa por cortesÃa.
—Vuestra Majestad puede tener razón en cierto sentido y, como vos, la puedo tener yo en otro. ¿De modo que opináis que la ceremonia oficial debe apresurarse?
—En efecto, madre. ¿No opináis vos lo mismo?