La Reina Margot

La Reina Margot

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Si le habéis visto, habréis podido leer en su pensamiento. Ahora, haced lo que os parezca.

Por muy dueño que fuera de sí mismo, Enrique dejó escapar un gesto de alegría. Por imperceptible que fuese, Francisco lo captó.

—Preferiría quedarme —respondió Francisco.

—Quedaos entonces —dijo Enrique.

—¿Y vos?

—¡Diablo! —respondió Enrique—. Si vos os quedáis, yo no tengo ningún motivo para irme. No lo hacía más que por seguiros, por devoción hacia vos, para no separarme de mi hermano a quien tanto quiero.

—¿De modo —dijo Alençon— que se han deshecho todos nuestros planes y vos los abandonáis así, sin lucha, al primer contratiempo?

—Yo —respondió Enrique— no considero un contratiempo el hecho de tener que quedarme aquí. Gracias a mi carácter despreocupado me hallo bien en todas partes.

—Sea —dijo Alençon—, no hablemos más de esto. Pero si acaso decidís otra cosa, hacédmelo saber.

—Perded cuidado, por Dios —replicó Enrique—. ¿No hemos convenido que no habría secretos entre nosotros?

Alençon no insistió más y se retiró un tanto pensativo, ya que en algún momento creyó ver que se movía el tapiz que cubría la puerta del cuarto de aseo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker