La Reina Margot
La Reina Margot —¿Estamos solos, hermano? —preguntó en voz baja.
—Completamente solos. ¿Qué ocurre? Parecéis trastornado.
—Estamos descubiertos, Enrique.
—¿Cómo descubiertos?
—SÃ, De Mouy ha sido arrestado.
—Ya lo sé.
—Y De Mouy se lo ha contado todo al rey.
—¿Qué es lo que le ha dicho?
—Le ha dicho que yo deseaba el trono de Navarra y que conspiraba para obtenerlo.
—¡Desgraciado! —dijo Enrique—. ¿De modo que estáis comprometido, mi pobre cuñado? ¿Y cómo no os han arrestado aún?
—Ni yo mismo lo sé: el rey se ha burlado de mà fingiendo ofrecerme el trono de Navarra. Sin duda esperaba obtener de mà una confesión, pero yo no le he dicho nada.
—¡Habéis hecho bien, por Dios! —dijo el bearnés—. Mantengámonos firmes: van nuestras vidas en ello.
—Sà —replicó Francisco—, pero lo cierto es que el asunto se presenta difÃcil. Por eso he venido a pediros vuestra opinión. ¿Qué creéis que debo hacer: huir o quedarme?
—¿Visteis al rey? —SÃ.