La Reina Margot

La Reina Margot

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Los centinelas dejaron pasar al duque sin ponerle ninguna dificultad, pues los días de cacería no se guardaba ninguna etiqueta ni consigna.

Francisco atravesó sucesivamente la antecámara, el salón y la alcoba sin encontrar a nadie. Por último, pensó que Carlos estaría en la sala de armas y empujó la puerta que comunicaba con esa pieza.

Carlos estaba sentado delante de una mesa en un gran sillón tallado que tenía un respaldo muy alto. Se hallaba de espaldas a la puerta por la que acababa de entrar Francisco.

Parecía por completo entregado a una ocupación que le dominara.

El duque se aproximó de puntillas; Carlos leía.

—¡Pardiez! —exclamó de repente—. ¡Qué libro más formidable! Había oído hablar de él, pero no creía que existiera en Francia.

Alençon aguzó el oído y dio otro paso.

—¡Malditas hojas! —dijo el rey llevándose el dedo pulgar a los labios y apoyándolo en el libro para pasar la hoja—. Se diría que las han pegado para ocultar a las miradas de los hombres las maravillas que encierra.

Alençon dio un brinco. ¡El libro que tenía Carlos entre sus manos era el mismo que el duque había dejado en el aposento de Enrique!

Un grito sordo escapó de su garganta.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker